Bienal Iberoamericana de Diseño BID, por primera vez en Guadalajara.

La Bienal Iberoamericana de Diseño (BID) es la cita más importante del diseño contemporáneo iberoamericano. Organizado por la Fundación de Diseño de Madrid y promovido por el Gobierno Madrileño, la BID congrega en cada edición lo mejor del diseño de Latinoamérica, España y Portugal en las áreas de diseño de interiores, industrial, gráfico, moda y textil, así como del diseño digital, de servicios y transversal.

La BID se lleva a cabo en la Central de Diseño de Matadero en Madrid, para luego llevar la colección a otros países, por lo que en distintas ediciones ha viajado a países como Argentina, Brasil, Chile, Ecuador, Uruguay, Guatemala, Colombia, Cuba, Costa Rica, Panamá, Hungría entre otros. Hoy, por primera vez toca puertas en Guadalajara y llega de la mano de la Escuela de Arquitectura, Arte y Diseño del Tecnológico de Monterrey y del Consejo Promotor de Innovación y Diseño, quienes la recibirán en dos espacios de la ciudad para colocarla al alcance de todos los interesados.

La colección se exhibirá en la Asociación de Fabricantes de Muebles de Jalisco ubicada en Av. Mariano Otero 1313, Verde Valle en Guadalajara del 21 de marzo al 10 de abril de lunes a viernes de 10:00 a 18:00 horas y en la Galería de Diseño del Tec de Monterrey Campus Guadalajara, ubicado en Av. General Ramón Corona 2514 Nuevo México, Zapopan en horario comprendido entre las 9:00 y 17:00 horas.

Las exhibiciones están integradas por más de 60 piezas de las diversas disciplinas antes mencionadas, que fueron premiadas y reconocidas durante la 5a Bienal Iberoamericana de Diseño / BID16, así como por la selección de trabajos de los diseñadores mexicanos participantes en dicha edición. La exhibición de la 5a Bienal Iberoamericana de Diseño / BID16 permitirá a los asistentes disfrutar por primera vez en Guadalajara de una muestra representativa de la disciplina del diseño y de los mejores trabajos realizados por diseñadores de todo Iberoamérica.

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Exposición México 68/18

Inauguración martes 2 de octubre, a las 18:10 horas, en el Patio Central del Ex Convento del Carmen.

En más de una ocasión nos hemos preguntado tantas cosas acerca de lo ocurrido el 02 de octubre en la Plaza de las Tres Culturas, una manifestación de unión estudiantil y otra de poder del gobierno por reprimir a la juventud “amenazante” para la sociedad. Es imposible imaginar, al menos para quien esto escribe, el terror, la angustia, el dolor y todo aquel cumulo de sensaciones que vivieron quienes estuvieron ahí.

De igual forma, tenemos vestigios de diversas fuentes sobre lo que aconteció esa tarde en Tlatelolco y que nos intentan describir, algunos entre sollozos, la fragilidad de esto que llamamos humanidad. Porque incluso hemos cuestionado si es humano lo que vimos, que un ser sea capaz de agredir a otro ser sin sentir aparentemente un ápice de sensibilidad por el compatriota que termina por caer abatido.

Después el silencio, a 50 años de acallar las voces después de la masacre, se siguen escuchando perdidos en aquellas losas de cemento, en aquellas rejas y escaleras, los entonces gritos dolor y miedo, de impotencia y rabia y que se transforman después en otros de justicia y castigo para los perpetradores, quienes ocultos detrás de escritorios, ventanas, tanquetas y mirillas, han llevado la carga y responsabilidad por este hecho.

Esta vez los gritos se transforman en cartel, ese humilde servidor de la comunicación. Humilde porque la pared le basta para tanto, para gritar en silencio lo callado por 50 años de tristeza, de indignación y repudio ante un acto cobardemente planeado con la conciencia de lo indefenso del “enemigo”, de la fragilidad de la piel ante la metralla y del rojo intenso de la sangre que manchará no solo su cuerpo, sus ropas, sino la memoria de todo un pueblo que aún llora por sus hijos torturados, muertos o desaparecidos en la convulsión frenética por la búsqueda de justicia.

En palabras del Maestro José Manuel Morelos:

Medio siglo ha transcurrido y el ¡No se olvida! se resiste a la orfandad de la memoria, se sostiene en el colectivo imaginario cada 2 de octubre mexicano. No se olvida –y no debe olvidarse–, la violencia, la represión, la tortura, la desaparición, los presos de conciencia y las muertes de estudiantes, académicos y civiles mexicanos perpetrada por el Estado a través de sus músculos de poder, respuesta metódica para la discrepancia en nuestro país.


No se olvida, no se puede, no se debe menoscabar la dignidad humana, el estado de derecho: la vida moral de una nación. Asimismo, No se olvida lo que se desconoce, lo que oculta el poder. Y, es en esa medida, en la significación y resignificación de la dignidad del sujeto social, de un pueblo, de su historia, que se dan el motivo y la pertinencia de esta colección de carteles México 68/18, relevancia y veracidad.

Obrero de las ideas, de las mil batallas, protagonista de grandes revueltas sociales, el cartel convoca, evoca, provoca, anuncia y denuncia desde la periferia de su esencia comunicativa, fáctico y diáfano. Lenguaje, retórica y recursividad gráfica escoltan las demandas sociales con sus respetivas arengas.

Al margen de discursos que versan sobre la autonomía del arte, de un arte ajeno a la realidad y al mundo político, esta colección de carteles apunta a la voluntad estetizante de los creadores, a una ética de la memoria y a la afirmación de un arte comprometido con la sociedad. Se trata de un acto de justicia intergeneracional y de solidaridad con las víctimas del 68, con sus familiares y amigos, con los desaparecidos; con los presos políticos, luchadores sociales, sujetos sociales y anónimos que sufrieron vejaciones, torturas, encarcelación y muerte, para que su sangre, sus dolores, sus muertes no sean, no hayan sido en vano; para que aprehendan un sentido, una razón para la sinrazón, y para que vivan y se reconozcan en nuestra memoria y en la de los futuros mexicanos.

Ello desde el cartel, decimos, desde ese metalenguaje que nos dice más de lo que nos muestra: oxímoron ideológico, termómetro social, palimpsesto de la masa que se somatiza en el contexto urbano sobre la epidermis de sus muros, para informarnos, para dar forma a las ideas y preceptos, al status quo.

No se olvida, no se olvidará mientras la justicia sea un sueño por conseguir, mientras las voces del hombre sigan vivas cada vez que se erige el poder por encima del pueblo al que juró servir y que le somete bajo el yugo institucional y sistemático de sus intereses y mientras existan voces en cartel que griten desde las paredes: 2 de octubre ¡No se Olvida!

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