Diseño y Artes Gráficas, la clave del éxito para el cliente.

Por Luis Jaime Lara Perea | Director de Caracol Consultores MX.
Presidente del Colegio de Diseñadores Gráficos de Jalisco CODIGRA.

Pensar en la comunicación impresa es pensar en dos importantes e inseparables actores: el diseño y la impresión.

Es imposible que uno se dé sin la participación del otro porque no hay solución eficaz sin un diseño bien pensado y con una impresión de calidad. Sin embargo es muy común que en la vida diaria nos encontremos piezas en donde falló uno de estos factores y ya no cumplió con el objetivo que ambos compartimos: ayudar a nuestro cliente a hacer negocio.

Y es que hay diseñadores que desconocen acerca de la enorme variedad de materiales, sistemas de impresión y acabados, lo cual hace que sus resultados de diseño sean pobres, limitados o insuficientes. Lo mismo sucede con impresores, que piensan que diseñar se trata de producir archivos con texto, imágenes y color. Pasando por alto consideraciones como la adecuada composición, cuidado de la legibilidad y lecturabilidad de la información, selección adecuada de fuentes tipográficas, orientación del proyecto hacia el segmento de mercado elegido, cuidado en la interpretación de significados y, especialmente, que es parte de una estrategia que debe solucionar la necesidad inmediata y producir valor de marca.

Cuando un cliente admira satisfecho los resultados de un trabajo impreso, al grado de presumirlo entre quienes le rodean, es cuando podemos afirmar que se trata de un proyecto conjunto entre profesionales. Así debería ser toda la comunicación impresa. No existe nada mejor que el trabajo en equipo con resultados verdaderamente profesionales, en su concepción, representación e impresión.

Nuestra sociedad consume proyectos profesionales y proyectos de los otros, los de las buenas ideas impresas en tonos de color diferentes a los indicados, manchados, fuera de registro, en materiales de baja calidad y completamente diferentes a los archivos originales. Ahí falta un profesional de las artes gráficas asesorando, participando, controlando los procesos y asegurándose de que todo salga de la mejor calidad.

Y qué decir de los impresos de calidad que son ilegibles, que dan un mensaje equivocado, que no tienen un orden de lectura, donde las imágenes no colaboran con el tema, donde los significantes producen significados muy alejados a los deseados, donde el cliente se quedará con las ganas de ver crecer su inversión o, por lo menos, de verla regresar.

Es un buen momento para fomentar las alianzas entre ambos profesionales, de comprender que ninguno podrá alcanzar el éxito sin la ayuda del otro. Que lo que esperan los clientes de nosotros es un trabajo impecable, eficaz y de la mejor calidad. El cliente desea hacer mejores negocios y para ello nos llama, cree y confía en nosotros y es nuestra obligación responderle y no fallarle. Es el momento propicio para fortalecer nuestro trabajo construyendo equipos de trabajo, acercándonos para aprender mutuamente, para comprender y valorar la importancia de ser exitoso gracias a la participación del otro.

Vamos haciendo equipo.

¿Hay orden en tu negocio?

Con la evolución de los servicios de impresión, el concepto para designar espacios ha cambiado. Hace un siglo las imprentas eran espacios con maquinaria manual que no ocupaban grandes espacios y el almacén no requería muchos metros. Ahora la maquinaria y el área de inventario pueden alcanzar enormes proporciones para soportar niveles industriales.

El objetivo de una gestión de flujo en un negocio de impresión es para garantizar el abasto eficiente de papel, tintas y consumibles para asegurar la producción constante, para cumplir con las tareas diarias, entregar a tiempo y minimizar costos.

La importancia de la distribución de áreas.
Aunque la distribución de las áreas, o “layout” dependen del tamaño y giro del negocio, para todos son comunes las siguientes:

• Recepción de materiales.
• Control de entradas y salidas .
• Almacenaje y conservación de materiales y trabajos terminados.
• Zona de preparación de pedidos.
• Registro y manejo de inventario.

Por eso es importante el layout, o diseño de áreas y flujo, de la planta. Hay que distribuir el espacio para conseguir un flujo efectivo, evitando congestionamiento, como en la vialidad de una ciudad, y que faciliten las tareas de aseo y mantenimiento. Un buen layout debe considerar lo siguiente:

• Aprovechamiento eficiente del espacio.
• Reducir al mínimo la maniobra de materiales.
• Acceder fácilmente a las áreas.
• Maximizar la rotación de mercancía.
• Ubicación fácilmente los productos.
• Controlar el inventario.

Cómo se configura el layout.
Hay que comenzar el diseño de las áreas comenzando con preguntas de sentido común:

1. Los materiales o productos deben acomodarse según su peso y volumen. Los más pesados o voluminosos en estantes inferiores y los más livianos en los superiores.
2. Los materiales o productos de mayor rotación hay que ponerlos en la parte más cercana para facilitar transporte.
3. La mercancía especialmente pesada, voluminosa o difícil de transportar es conveniente que cuente con su propio espacio que facilite al máximo su manipulación, carga o traslado.
4. Hay que separar por áreas materiales como líquidos, químicos, u objetos frágiles, que puedan deteriorarse y perjudicar al resto del inventario o producto terminado.
5. Cada producto debe empacarse adecuadamente para protegerlos contra la humedad, polvo, o daños al apilar.
6. El layout de la planta debe plantearse considerando todas las medidas de seguridad, tanto para su manejo como para el personal.

Cúantas áreas se deben considerar
No solo se trata del almacenaje. Para ser eficientes con el manejo de materiales y producción es necesario tomar en cuenta todas las tareas… Aunque la distribución de cada planta dependerá de factores como el tamaño del negocio o tipo de productos en la gran mayoría los espacios comunes son:

Zona de recepción
Esta área debe estar lo más cercana a la zona de descarga de los vehículos. Desde la recepción se identifica el material para su ubicación en almacén o su manipulación

Zona de Almacenamiento
Es el área de depósito de productos. Ésta debe facilitar el acceso y localización de la mercancía. Asimismo debe destinarse un área para desperdicios de papel, tintas, placas y otros consumibles, equipadas con elementos de seguridad como extinguidores y tomas de agua

Zona de preparación de pedidos
Es donde se transfiere la mercancía desde el almacén para preparar el pedido final que se entregará al cliente o se llevará a otros procesos.

Zona de expedición o despacho
Aquí es donde los trabajos terminados se empacan, embalan y etiquetan. Es aquí donde se cargan o se entregan Como en el caso de la zona de recepción, su ubicación respecto a los muelles será fundamental para mejorar la eficiencia de nuestro almacén logístico.

Zonas auxiliares
Estas son necesarias para el buen funcionamiento: oficinas, áreas para el personal, vestuarios, etc.

Atessourus, el coleccionista

Por Raúl Mayo Castro
Atessourus, el coleccionista. Imagen: Naturaleza muerta con libros y manuscritos y una calavera. Evert Collier.

Nadie vaticinaba un encuentro entre rivales bibliófilos. Consumido por los años y las enfermedades, el coleccionista de libros más destacado en el mundo, Atessourus Gendi, atravesaba un periodo crucial en su agotada existencia. No quería morir y que su legado impreso quedara en manos de alguno de sus desinteresados y anodinos parientes. Elucubró largamente el inverosímil escenario que las circunstancias le planteaban, tomó de golpe un trago de su copa de vino, acalló sus vacilaciones internas, hasta que decidió concertar una cita con su mayor competidor, el impredecible Mironne Silver.

¿Sucedería la inusual reunión? Silver, ante la propuesta de un encuentro con su enemigo natural, reaccionó con una negativa precautoria, sospechando con recelo que un obsesivo Gendi, intentaría comprarle o arrebatarle su apreciada adquisición: “Cardenno” o “Cardenna”, identificada como el texto perdido de William Shakespeare sobre el Quijote. Así es, la obra de teatro basada en un episodio de la inmortal novela de Miguel de Cervantes Saavedra. La coincidencia soñada de los dos genios de la literatura.

Acerca de este invaluable ejemplar, se establece que fue escrito por un Shakespeare muy cerca al finito de su carrera. La referencia es clara y confiable, pues la menciona entre sus registros el libro de contabilidad del tesorero del rey Jacobo I de Inglaterra (1566-1625). Mirone Silver no la entregaría jamás. Claramente, Atessourus le hizo saber que esa no era la intención de la entrevista. Sin impedimento mayor, la cita se programó para la tarde del viernes en un discreto café de Borneos.
Una vez acomodados en los confortables sillones, provistos de una tenue luz, ambos coleccionistas comenzaron a charlar de sus envidiables posesiones. Más de una vez, Atessourus acometió con toda la intención de explayarse, tenía en su haber 321 textos, destacando entre ellos “El Códice Amiatinus”, el manuscrito completo más antiguo. Además, el “Libro de Dzyan”, considerado el primer libro de la historia. Una joya misteriosamente cifrada por símbolos, imágenes y arcanos que sólo unos pocos elegidos podrían interpretar.

Sin ánimo de adversar, consciente de que su colección era sencillamente un poco más modesta, aunque salpicada por volúmenes imposibles de ignorar como el primer Necronomicón; el libro de las leyes de los muertos, el original que muchos desdicen en sus referencias, no el imaginado por el escritor Howard Lovecraft. Mironne decidió poner fin a tan insustancial reto a las vanaglorias mutuas, hizo la trascendental pregunta que por momentos, elevó a desmesura la tensión en el ambiente: ¿Qué es lo que en realidad te impulsó a este inusual encuentro entre nosotros?

– Seré todo lo directo que requieres de mí, advirtió un Atessourus, quien de pronto se vio oscurecido en su semblante, como si todo peso de sus 82 años se le echaran encima. – Voy a morir en breve, mis médicos aseguran que sucederá en un lapso menor a los seis meses. Tengo un coctel de insuficiencias y de reparos cardiacos que se complican con la edad. En fin, te propongo que compartamos nuestros tesoros. Determinemos una bóveda biblioteca a la que únicamente tú y yo tengamos acceso. Ahí podremos disfrutar sin ambages ni restricciones de aquello que nos produce placer…

Mironne Silver, con el rostro vivamente encendido, respondió – De verdad lamento la condición en que te encuentras, y contesto a tu desesperación: No soy de los que comparten sus tesoros, ni creo que tú lo seas. Además, nada me garantiza que urgido por tu anticipada muerte, esto no sea una más que estrategia para quedarte con todo, con la mayor colección de libros, manuscritos, códices e incunables de la historia, sería una corona épica para tu bibliofílica existencia.

Preparado para el rechazo inicial, Atessourus lanzó la siguiente y definitiva propuesta: – Tu garantía es un documento que firmaré en tu presencia ante notario. A mi muerte, todos los libros que poseo quedarán en tu poder sin reservas ni condiciones. Nadie en mi familia se los merece. Aunque no lo queramos, tú y yo, compartimos esta mezcla de manía adictiva y de reverente afición, eso es algo que respeto y que nos hermana…

De inmediato, Silver reaccionó – Pero yo no firmaré nada respecto a legarte mis impresos. Nada de que en caso de morir primero, tú dispondrás de mi colección. No quiero que tengas la más leve intención de eliminarme. Sería el más idiota si termino por entramparme, abriendo la alternativa para que todas mis colecciones pasen a tu poder. Si aceptas esta condición, créeme, acepto, y desde ahora mismo, acordemos como dos buenos asociados los detalles de la compartición.
Por un instante, un destello maligno iluminó sutilmente los rostros de los coleccionistas. Temblorosos por la emoción se estrecharon las manos. En menos de un par de semanas construyeron una especie de búnker, una insólita biblioteca con minuciosos códigos y mecanismos de seguridad, durante horas se entumecían sentados admirando y oliendo la sacralidad de sus reliquias, a las que únicamente ambos tenían el privilegio de acceder.

Seis meses después de su pacto, Atessourus, contradiciendo a los terminales pronósticos de sus médicos, seguía deambulando en la tierra de los vivos; de hecho, se alejaba de las circunstancias precarias de salud y parecía cada vez más vital, más despierto. La disponibilidad a los tesoros impresos que toda su vida anheló, renovaba sus fuerzas y agigantaba de modo evidente sus deseos de vivir. Nada de esto agradaba a un huraño y sorprendido Mironne.

Un anochecer de compartir sus maravillas en la biblioteca, Mironne Silver sucumbió a la tentación de terminar fúnebremente con el trato. Aprovechó que su revitalizado socio dormitaba con la sien expuesta en el escritorio principal, sin dubitaciones, accionó furtivamente un mecanismo que precipitó de su estante una voluminosa enciclopedia, una colección laminada de manera conveniente para su preservación. Bastaron los dos primeros ejemplares, los cuales al golpear pesadamente la cabeza del octogenario, produjeron su muerte, de manera casi instantánea.

– Atessourus, no has podido tener una muerte mejor, se dijo a sí mismo, un Mironne con el rostro tétricamente demudado y desafiante. Había triunfado en toda la línea. Era dueño absoluto de la más importante colección librera de la Tierra. Eso creía, mientras que un estallido que correspondía a un incendio, comenzó a propagar llamas en todo en el lugar. El exabrupto provenía del cuerpo de Gendi, operó de modo calculado, al activar un sofisticado explosivo, el artilugio estaba finamente sincronizado con el último latido de su corazón.

Ante el inesperado suceso, Silver enloqueció de rabia y dolor al contemplar impotente la destrucción de las obras. Sufrió quemaduras irreversibles al querer salvarlas, su juicio se obnubiló arriesgando su integridad física, sin mayores recompensas que la salvación de tres códices y dos libros. Sí, y por más que anhelara volver a empezar, no había forma de recuperar el legado único y original. Hoy mismo, Mironne, quemado hasta la deformidad, pasea sin sentido en bibliotecas comunes, robando libros baratos, comerciando con bagatelas, totalmente perdido en la mediocridad.

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