Y la sorpresa se hizo ciega


Texto e ilustración: Celso Arrieta

En un mundo donde los seres humanos han establecido una cercanía inusual por medio de conexiones virtuales a través de “ordenadores” que ordenan y predisponen las medidas del asombro en listas interminables, que van pasando a la velocidad que dicta el giro scroll o el click que aplica el dedo del usuario, sólo los hábiles anzuelos de la sorpresa que utiliza un color llamativo o todo lo contrario, una forma exagerada o todo lo contrario, un texto o una palabra “detonante” o todo lo contrario, hacen que se detenga la mirada cada vez menos perpleja que alcanza a dictaminar si esto es algo nuevo o solo una variante que ya ha sido utilizada.

Me pareciera que los ojos se cansaron de ver y que la curiosidad perdió terreno ante lo gracioso.

¿Qué te llama la atención, qué despierta tus intenciones, con que construyes el ser que deseas ser? o me pregunto: ¿Cuánto deseas retar a la vida para convertirte en el ser, que sabe su diferencia y la expresa?

Al observar tanto diseño actual, al ver que muchas cosas se parecen, creo importante verificar los esfuerzos, las alternativas que nos llevan a esto. Ese afán de convertirse en un diseñador aceptado en los círculos de otros diseñadores que se aceptan entre ellos y designan quién pasa la frontera de la internacionalización del buen diseño. ¿Adónde quedó la función primordial que hace que una imagen cumpla su cometido comunicacional y de fe de una buena y eficiente solución? Ese ejercicio privado de diseñar que después se hace público, lleno de la reflexión que carece de una intención posterior y no pretende solamente la trascendencia de su ego. Esas horas que agotan a las malas ideas y que al final sacan los resultados necesarios y consecuentes con la disciplina que se plantea el profesional de la comunicación. Convertirse en el diseñador que no deja de buscar y de encontrar las imperceptibles rendijas creativas que le pertenecen para ser usadas en el beneficio común de un mundo que necesita ser renovado a cada instante, pues su filosofía es el movimiento perpetuo y la comprensión de que a cada momento se vive un nuevo mundo; sin dejar de lado que se queda y permanece todo aquello que ha llegado a su destino creativo. Ese es el reto. Alejarse de buscar las soluciones en el trabajo de otros, en la historia de otros, intentando encontrar el “atajo creativo” que deja mal parada a la honestidad de quién desea ser un buen comunicador. Se pretende obtener “talento exprés” sin pasar por las horas disciplinadas en dónde se llega a conclusiones que solamente se dan en la repetición que verifica su resultado.

Muchas veces se agradece que el diseño que se va encontrando en el camino, tenga la conformación y estructura que da la limpieza de aquel que toma su conocimiento y lo aplica con sencillez y sin falsas pretensiones.

Tenemos los días repletos de intenciones, digo, si es que nos despertamos queriendo encontrar un significante que nos llene el espíritu y la mente. Aglutinar el total nos puede “marear” innecesariamente, creo conveniente sin que esto sea una regla (¡quién soy yo para determinar una regla!, sólo comparto vivencia) seccionar una intención hasta comprender lo que nos ha llamado a voltear a ella. Posiblemente sea esta, consecuencia de estar en el continuo agudizamiento del propio pensamiento; determinar su valía y trascendencia nos lleva a segundas decisiones en las cuales brota una hermosa semilla que crece para “reconocernos”, lo repito diferente: volver a conocernos. Me interesa la pureza de las causas y sus intenciones y es por ello que me pongo atento cuando surge en mí alguna respuesta a mis indagaciones de diseño, y como niño que curiosea la planta, el bicho, la forma e incluso el sabor, tiendo a enfocar una mayor atención a estas construcciones mentales que salen a complementar lo que estoy viviendo. Sé muy bien que cada ser se atreverá a “buscar para encontrar” su propia fuente de respuestas, lo único que quiero es abrir la invitación franca a ingresar en la acción que los lleve a esto, sin perjudicar el proceso al contaminarlo con el facilismo que es copiar a otros como si esto fuera normal. El otro día un taxista me preguntaba a qué me dedicaba y yo le respondí que era diseñador gráfico, a lo cual él con singular alegría procedió a contarme que un compañero de “la prepa” se dedicaba a eso y ahora estaba trabajando en la frontera con mucho éxito, inmediatamente procedió a mostrarme en su móvil (a riesgo de perder un tanto el control del taxi) la página de su compañero de adolescencia, del cual decía con orgullo que siempre había sido un buen dibujante. Cuento todo esto por lo que en seguida él procedió a sugerirme. “Apunte su página, seguramente podrá sacar de allí ideas, pues tiene un trabajo impresionante”, efectivamente era un talentoso y extraordinario diseñador, no había lugar a dudas, pero me quedé reflexionando acerca de la sugerencia del amigo taxista,…seguramente podrá sacar ideas”. Creo que muchos diseñadores y clientes llegan a esta conclusión, existen formas de sacar ideas lo más rápido posible y estas se encuentran en un número casi infinito en los sitios web como el de este talentoso diseñador. Yo pregunto ¿Es esto justo? Incluso se deben dar los casos en que los clientes digan: “Yo te traje la idea”. Creo que esto se ha dado y se da en la actualidad del diseño gráfico y de allí se deriva que nuestra profesión sea desvalorada y sea manejada por seudo diseñadores que dicen poder diseñar y diseñadores que no se exigen realizar un trabajo completo o por decirlo en todo su contexto “profesional”. Mucho que analizar, reflexionar pero sobre todo, poner en acción las bases éticas personales que nos lleven a contestar ¿Qué tipo de diseñador somos o queremos ser?

El deseo es una flama viva que se alimenta en cada ocasión que se encuentra con su propia respuesta. Esta flama creativa decrece con la insistencia de una estandarización en los mensajes. Allí deja de insistir la búsqueda y se registran las soluciones parecidas. Y no es que todo tenga que ser extremadamente diferente para cumplir su cometido, no. Muchas veces se agradece que el diseño que se va encontrando en el camino, tenga la conformación y estructura que da la limpieza de aquel que toma su conocimiento y lo aplica con sencillez y sin falsas pretensiones.

Tantos caminos y uno solo por tomar. El camino personal que va desarrollando su lenguaje amablemente, con compresión y ejecución. Son las decisiones personales las que nos entregan sus frutos, maduros o tempranos según se les vaya sembrando. Siempre y cuando la consigna sea atravesar el océano conocido repetidas veces en un pequeño barco que dé inicio, enarbole sus velas en los vientos de un diseño “bien nacido”.