Reseña emocional de la exposición Soy Cartel


Por Celso Arrieta Zambrano

Hace 21 años siendo estudiante, tenía los sueños tiernos y las fuerzas acumuladas. Era un estudiante de la Facultad de Artes en la Universidad Veracruzana. El porvenir estaba compuesto de una blanca neblina y una fina briza que en Xalapa llaman chipi chipi. Mis ojos apuraban la mirada para reconocer el camino y mis diseños comenzados antes de la época universitaria, eran la ruta de mis pasos. Así me encontré exponiendo en mi ciudad natal, Córdoba. En un espacio amoldado a galería llamado “La Capilla”. Aquella tarde quedaron expuestos mis carteles. Algunos todavía recortados por el filo de una navaja que de manera manual, hacía como estudiante en las clases de diseño de la Facultad, y otros eran el trabajo que ya realizaba para varios eventos culturales en el estado de Veracruz.

A la cita acudieron personas nuevas a mi vista, familiares y amigos. Cito todo esto porque fue una muestra muy importante para mí. La ausencia de mi padre ya estaba presente y no tuvo ocasión en vida, de ver algo de lo que su hijo estaba imaginando. Las exposiciones son también expiaciones para quién cuelga sus imágenes. Los carteles tienen la lengua larga y siempre cuentan cosas que incluso el autor no sabía que existían, así corren su rumor a través del tiempo, con sus voces de color, alimentan los encuentros. Viendo las pocas fotos de aquella ocasión, veo con una alegre tristeza, como cambiamos los rostros e incluso la complexión del cuerpo, pero sobre todo noto que ya no está mi tío Rodolfo, con el que me atreví a discutir, saltándome los respetos que se deben, pero que traté de compensar con el tiempo compartido, escuchando su historia de vida, la cual me resultaba sumamente interesante. También me faltaba mi amigo Humberto, al cual convertí en un cartel llamado “Mujer de a mentis” y quedó seleccionado en la Bienal Internacional del cartel de México en 1996. Sus risas de fotografía me recordaron que el tiempo y las presencias no deben quedar a la deriva del olvido, que algo se puede inventar para dejar una huella o al menos la intención de que así sea.

Por muchas cosas, razones y decisiones. Regresar en mayo 26 a exponer a Córdoba tenía todos los ingredientes necesarios. Necesitaba seguir amando a los ausentes y sobre todo a los presentes, por ello aproveché el evento para realizar una serie de agradecimientos, algunos tuvieron forma de cartel, como el que realicé para mi hermosa madre. Verla contemplar su cartel y perlar sus ojos con lágrimas de felicidad me lo llevo para siempre. También le hice su cartel a mi padre y espero le haya gustado, creo que eso me lo contará un poco más tarde. No faltaron los carteles para mi hermano el gran bailador y para mi pequeño Fabrizio con el cartel Gato de mar.

Este mayo 2017 tuvo unas cimas de calor muy intensas y más en mi tierra, donde el calor no se esconde bajo la sombra. 40 carteles de mi autoría se colgaron en la Exposición “Soy Cartel” de los cuales 11 eran de la colección en homenaje a Joaquín Sabina, por ello no podía faltar mi querido amigo Don Domingo Setién, sabinista de corazón. Es un señorón miembro del Salón de la Fama del beisbol, con el cual tuve la fortuna de trabajar en su despacho de publicidad y al que aprecio demasiado, por ello al cortar el listón sostenido por Zyanya y Fabrizio (mis hijos) lo invité a compartir tijeras junto a mi madre y a la Lic. María de los Ángeles Sahagún Morales, Directora de promoción y desarrollo Humano y Social del Ayuntamiento de Córdoba. Agradezco al Lic. Raúl Tovar Gutiérrez, Director del Centro Cultural Córdoba por las facilidades para la realización de la muestra y por el reconocimiento que me otorgaron. El Centro Cultural es un espacio amplio y muy propicio para estos fines, aún conserva los pisos originales de lo que en tiempos pasados era el Casino Español.

Para concluir esta reseña emocional, he de mencionar que acudieron amigos de mis años de secundaria y preparatoria, que dieron el toque alegre a la noche. ¡Me trataron de lujo! Este regreso a casa, esta siembra de nuevos encuentros, es un registro que marca mi vida para siempre. Creo que por eso me gusta exponerme a exponer, pues se provocan cosas inolvidables, gracias a los ausentes y a los presentes, ¡carteles somos y en el camino andamos!

Celso Arrieta / Mayo – Junio 2017