¡Lo hiciste a propósito!


Por Celso Arrieta Zambrano

Recuerdo esta frase en la etapa de mi niñez en la primaria e incluso al pasar por la secundaria y prepa. Parecía un reclamo (era un reclamo) que llevaba implícita la culpa. Así es, la señora culpa nos ensombrecía el alma y no nos dejaba respirar tranquilos y felices pues nos habíamos hecho acreedores a semejante cargo de conciencia (puede ser que en esas etapas la conciencia no estuviera aferrada a nosotros, pero ya iba minando selectivamente un campo en el cual debíamos tener cuidado al pisar para no explotar).

Crecemos de cuerpo y espíritu o solamente de cuerpo y aún albergamos, inocencias y creatividades de niño, con las cuales si se tiene la fortuna de ser diseñador, evolucionaremos en un entorno en el cual casi es prohibitiva la alegría y espontaneidad de la infancia; nos ponemos serios y tomamos el rumbo y las riendas de nuestra vida con decisiones fundamentales, paso a paso analizamos y verificamos científicamente por medio de la comparación con el otro y con los otros nuestro proceder, así ejecutamos el plan maestro que más tarda en respirar en su totalidad, que demostrarnos lo equivocados que parecemos estar al hacer esto de la manera en que “decidimos hacerlo”, ¿cuál es la razón de este tropiezo? Me figuro que pudiera tratarse de la opinión experta de quién opina lo que debemos hacer con nuestra vida. ¿Cuánto riesgo debemos tomar para enfrentar la incertidumbre? El mundo de los riesgos calculados tiene un área dedicada al confort de no salir de nuestros límites y de esta manera tomar sitio en la larga fila de la mediocridad.

¡Experimenta en tu vida y hazlo a propósito! Diseña y equivócate las veces que sean necesarias, cuestiónate pero también concede verdad en lo que diseñas. Este es un mundo de interpretaciones en el cual podemos subir al estrado y tomar la palabra, sin cargar el peso del mejor de los oradores que nunca se permite equivocarse. Tomemos alternativas, siluetas que se vuelvan nítidas al huir de su timidez, llenemos libretas de bocetos que hablen entre sí y nos cuenten sus inquietudes de salir avante; conciliemos el sueño y rescatemos de la penumbra nuestra voz interior. Cuando en mi etapa de secundaria me enlisté de aprendiz en una agencia de publicidad en mi natal Córdova, Veracruz; acudía feliz a la cita vespertina de 16:00 a 20:00 hrs. Me llenaba de entusiasmo convivir con diseñadores eficaces y disciplinados que se ganaban el sustento con su labor de diseño. De ellos aprendí a entintar y a manejar acrílicos, a transferir letras, a ilustrar mis ideas y a poner mi pensamiento a prueba al intentar argumentar visualmente el anuncio de prensa, la barda publicitaria, la etiqueta, la síntesis de una marca, etc. Y todo esto llevado de la mano de la poca o mucha destreza manual que tuviera ¡Maravilloso! Tenía mi cubículo dónde cabía el universo y mis herramientas a la mano. Al mes, el aprendiz ya tenía paga y ahora era un poco más responsable de sus actos. Mi mente adolescente se propuso embellecer el fragmento de mundo que pasara por mis manos ¡Comencé a tener mi propósito!

En mi cabeza poder aclarar qué es lo que se pretende y se convierte en propósito, me dicta que a partir de allí las cosas que haré serán a propósito y no tienen nada que ver con el sentido de culpa que experimenté en la niñez-adolescencia. Ahora diseño a propósito de lo que me interesa y me mantengo una infantil curiosidad al descubrimiento, indago cosas que por el momento no me sirven de nada y después se me cruza la necesidad de utilizar esa experiencia en algo más. Seamos mejores personas a propósito, equivoquemos la ruta a propósito y si necesitamos regresar, hagámoslo con la curiosidad satisfecha de saber que el otro camino no está errado, simplemente es diferente; tengamos alas a propósito para ver desde arriba la idea. Otro punto de vista nos va a enriquecer siempre que salga de nuestro convencimiento y esfuerzo. Yo me dediqué al diseño gráfico desde antes de pensar que era necesaria una educación superior al respecto. Solamente me puse las alas y comencé a graficar, totalmente a propósito.