El tigre y el dragón


Texto: Tierra Favel | Fabiola C. García Ruelas

“Quién le haya dicho que la tinta es un invento chino, está muy equivocado mi amigo, la tinta proviene de la India.” Johannes levantaba su taza de café mientras escuchaba hablar a Zósimo, el dueño de esa tienda de tintas, pergaminos y papeles, a la cuál acudía a comprar de forma tan habitual, que se había hecho amigo del dueño. “La tinta son las rayas del tigre indio; el papel de arroz, la piel del dragón chino. Ambos combinan de una forma magnífica ¿no lo cree?”

Zósimo tenía una pequeña tienda en una abarrotada calle de Estrasburgo, personas y carruajes iban y venían de sol a sol. A sus 35 años era un reconocido alquimista, no le gustaba compartir sus conocimientos con nadie, su estudio se limitaba al uso de las tintas y su efecto sobre el papel, el pergamino, el papiro y, aunque huraño, con Johannes siempre había hecho una excepción. En su tienda sólo había tintas creadas por él mismo y todas eran excelentes, nadie fabricaba tintas como las suyas.

“Usted hará cosas grandes mi amigo, ellos me lo han dicho: Las palabras vuelan, lo escrito permanece”. Y al recitar sus palabras, Zósimo acariciaba un dije de oro y plata que colgaba de su cuello, este tenía la figura de un tigre y un dragón entrelazados. En los estantes se veían los frascos que contenían la tinta negra hecha a base de negro de humo, que en realidad era hollín mezclado con goma, más allá estaban los frascos que contenían arcillas para crear la tinta roja, tan usada por los amanuenses para las letras capitulares, había también minerales para crear colores y más allá, bien resguardada en una vitrina, estaba la tinta púrpura, fabricada por el mismo Zósimo a partir de moluscos, la tinta de la realeza, y junto a esta estaban las barras de tinta negra, fabricadas a la usanza China.

Esa tarde fue diferente, Johannes lo supo al visitar a su amigo. Zósimo cerró las puertas de su tienda en cuanto éste entro. Le ofreció una taza de un té especialmente fuerte combinado con un exótico vino traído de tierras lejanas, encendió una vela y puso delante de él un frasco con tinta líquida y un trozo de papel. Zósimo se quitó el dije, con un pincel lo cubrió con la tinta y lo presiono contra el papel, la figura del tigre y el dragón quedo perfectamente marcada, se trataba de una tinta espectacular, de un negro profundo y brillante “Esto es lo último que haré para ellos, estoy cansado de su carga, ahora es su turno”.

Quizás fue efecto de la bebida, quizás estaba demasiado fascinado como la tinta había logrado un grabado casi perfecto del dije sobre el papel, Johannes no podía dar crédito a lo que veía.

El tigre y el dragón se separaron, sus siluetas estaban perfectamente definidas, la tenue luz de la vela le daba a la habitación un aspecto místico, de fuego, como un horno de alquimia. Las dos figuras de tinta danzaron sobre el papel, moviéndose de un lado a otro. Vio como las rayas del tigre se transformaban en regueros de tinta para dar paso más tarde a una jungla, el dragón se encontraba en el otro extremo, fabricando papel con las escamas de su piel. Entre la jungla de tinta vio a un hombre, un explorador, el hombrecillo se entrevistaba con el gran tigre y este le obsequiaba con una de sus rayas, entonces el hombre se alejaba de la jungla y llegaba hasta donde estaba el dragón, a quién obsequiaba con la raya del tigre, entonces el dragón dibujaba caracteres chinos sobre papel.

Zósimo paso su mano por delante de la vela. Al hacerlo la flama se apagó, y la visión se esfumó. Sobre el papel sólo estaba el grabado del dije hecho con tinta negra. “Por más que lo he intentado, no puedo recordar cómo fue que el dije llegó a mis manos, me convertí en alquimista para tratar de develar su esencia, y hasta ahora esto es lo único que he logrado. He vivido cientos de años, Johannes, fui uno de los pioneros que llevaron la tinta de India a China, y después traje el papel conmigo a Europa. El dije ha prolongado mi vida, pero ¿sabes? estoy cansado de él. Me muestra grandes cosas, como esta tinta que no se diluye en agua, pero también he visto cosas que me horrorizan, y ellos, el tigre y el dragón me han dicho que es hora de dejarlos ir. Ellos dicen que tú eres el indicado.”

Caía la noche cuando Johannes salió de la tienda de su amigo, en una pequeña bolsa de cuero, llevaba el dije del tigre y el dragón, junto con el frasco de tinta fabricado por el mismo Zósimo. Pasaron los días y, cuando Johannes regresó a la tienda, descubrió que ésta ya no estaba. Su amigo se había marchado de la ciudad y no supo más de él. Y al fin, pasadas algunas semanas, tuvo el valor para repetir el ritual. Pudo ver al tigre y al dragón danzando sobre el papel, pero no vio una jungla, esta vez el tigre y el dragón estaban juntos, parecían tallar algo en madera: eran caracteres. El dragón tallaba y el tigre los cubría con tinta, con ellos escribían sobre el papel. ¿Qué era eso? Los años pasaron, se imprimió la primera Biblia sacra latina, era el nacimiento de la imprenta, la tinta creada por Johannes era grandiosa, pero no tuvo el valor de quedarse con el dije, decidió cederlo. El tigre y el dragón le mostraban cosas grandiosas, pero también veía cosas que lo atemorizaban.

Y así, el dije fue pasando de mano en mano, tinta y papel a través de la historia, se cuenta que Toulouse-Lautrec lo tuvo en sus manos y vio como el tigre y el dragón creaban pinturas con enormes textos encima, pero jamás se sabrá si eso fue verdad, a final de cuentas, eran sólo tinta y papel escribiendo la historia.