Carteles que viajan acompañados


Por Celso Arrieta Zambrano

En octubre de 2016, el miércoles 12 para ser preciso, tuve la oportunidad por primera vez de viajar al llamado “viejo continente” y visitar España, bajo la consigna personal de mostrar mis carteles. Fue un recorrido a la par de interesante enriquecedor en muchos aspectos. Necesitaba dejarme llevar por las alas que mis imágenes ya habían inventado para mí y que permanecían polvosas y casi en desuso. Lo menciono debido a que algunos de mis carteles ya habían recorrido “en papel”, por no decir “en persona”, las inmensas distancias que traducidas en horas de vuelo son muchas.

En este viaje realicé tres exposiciones, la primera en Barcelona, mostrando carteles de mi inicio con sello serigráfico y otros recientes de no más de dos años de realización; la segunda, de mi trabajo a lápiz llamada: Dibujos en pleno uso de mis libertades mentales en Monachil Granada; y me gustaría hablarles a detalle de la tercera, nombrada Carteles en Homenaje a Sabina por Celso Arrieta realizada en el restaurante La Mordida del Bernabeu en Madrid, del que Joaquín Sabina es socio propietario. En mi experiencia de vida he tenido la fortuna de tener buenos amigos, uno de ellos es Tomás Martínez “El español” que al enterarse de mi gusto por la música de Joaquín Sabina, desenvolvió la magia a su alcance para volver mis sueños inventados una realidad. Ya con la posibilidad de realizar una muestra de cartel en ese sitio y lo ligado que está La Mordida a Joaquín, se me ocurrió realizar una serie exprofeso con la temática de las canciones que me habían acompañado durante muchos momentos de reuniones con amigos, pero sobre todo en mis espacios de tiempo dedicados a mi actividad de diseñador. Sin ser el tipo de fan que se sabe todas y cada una de las letras de las canciones, o que tiene la colección completa de discos y libros, sí confieso que me siento muy ligado a algunas frases escritas por Sabina. Así que habiendo concretado las intenciones vino el tiempo de la realización. Tenía aproximadamente tres meses y medio para finalizar una serie que anticipadamente sabía era de 21 piezas para exhibición, más, por supuesto, el cartel que avisaría del evento.


Comencé a repasar la discografía que tengo y la que no, ver videos y entrevistas para conectar sensaciones con ideas e incluso descubrir que cuando se habla de “Purísima” se refiere a un color que en el ámbito taurino se le da a un tono de azul. Creo que cuando uno se acerca a la información que se está traduciendo en diseño, se develan ciertas capas que permiten ver detrás de la cortina del escenario, y que es posible apropiarse de certezas que pueden no ser ciertas para realizar. En este caso en particular, tuve la fortuna de reunir muchos aspectos de mi vida: mi quehacer como diseñador gráfico cartelista, mi gusto y afición literaria musical por Sabina, la oportunidad de viajar y mostrar al otro lado del mundo lo que hago, pero sobre todo, y esto es fundamental para mí, otorgarme la libertad de expresar una intención y vocación artística mediante carteles. Sí, desde hace mucho tiempo tenía la idea de producir carteles como mi medio de expresión personal, aunque de cierta manera ya lo hacía en el campo profesional, los carteles no dejan de ser un encargo con ciertas condiciones que ponen a determinada distancia la libertad expresiva. De ninguna manera esto constituye una queja o molestia por mi trabajo cotidiano, ¡ni lo mande Dios!, es algo que disfruto mucho y que se coordina con muchas personas e instituciones. Lo que trato de comunicar con palabras es que esta era una oportunidad única para manifestar algo que yo me estaba encargando, de alguna manera me convertí en mi propio cliente. Así que me di vuelo, probando otras maneras de hacer lo que hago, dialogando con las formas y acomodando los acuerdos visuales muy a mi parecer.

Algo que siempre va a estar presente en los procesos creativos después de recorrer la ruta y estar en la presencia del trabajo terminado, y aunque en este caso manifiesto el grado tan personal que contiene esta colección, son las ganas de que otros ojos observen lo que uno hace, y es por ello que se efectúan exposiciones que son el pretexto idóneo para incursionar en otras vidas y otras historias que no se conocerían si no se abrieran las oportunidades mágicas.

El disfrute obtenido es imborrable, las personas que conocí se volvieron amistades, los pasos que caminé me mostraron calles a las que espero volver y todo esto fue gracias a que un día decidí ser diseñador y otro día me atreví a diseñar lo que me llenó las ganas. Hoy que escribo estas palabras es un día después de que pasó el 27 de abril, día mundial del diseño y qué mejor manera de celebrarlo que compartir algo especial y personal.

¡Gracias, amigos de Grafilia!